divendres, 3 de gener del 2014

Me siento extraña...

No sé qué me pasa. Me siento rara... con pocas ganas de jugar, pero muchas ganas de salir. Duermo mucho, estoy cansada, y me paso el día limpiando unas gotitas rojas que aparecen por todo el piso.

Voy por la calle y todo tiene un nuevo olor para mí: de repente todas las marcas de los otros perros son mucho más interesantes y las quiero localizar todas, y algunas de ellas me provocan ganas de hacer pipí al lado aunque ya no me quede ni gota.

Estoy menos interesada en mis humanas, sólo quiero salir y ahora además cuando salimos me sacan atada y no me sueltan nunca, ni con mis amigos perritos, y eso me entristece. ¿Por qué no me sueltan, ahora que es cuando más ganas tengo de explorar y buscar otros perritos?

Hace unos días me dolía la barriga, y noto como los pezones se me hinchan y endurecen, y la vulva también. Duermo mucho, y cuando duermo, no sé por qué, no puedo dejar de soñar con aquel perro tan guapo del parque... ¡¡Qué guapo que es!! Todo el día miro por la ventana de la terraza a ver si lo veo, pero por mucho que llore y gimotee no me abren la puerta para salir a verlo.

Si pudiese, me escaparía. Sé que no debería hacerlo, pero hay algo que puede más que yo. Quizá ya hacen bien en no soltarme... Confío en mis humanas, ¡por algo lo deben hacer!

dijous, 19 de desembre del 2013

¡Agua y más agua!

¡Grufa mojada de arriba a abajo no parece el mismo perro!
¡Bañarse es divertido!
¡Ayer me bañaron! La bañera resbalaba y al principio no lo tenía yo muy claro, pero cuando vi que mis dos humanas estaban las dos a la vez conmigo un bueeeeen rato, ¡me puse muy contenta!

El agua estaba calentita pero aún así me dio por temblar, y me pusieron una cosa pegajosa que cuando te acarician hace burbujas y que... ¡¡¡puajjjj!!! ¡Tiene un sabor asqueroso! Mis humanas se reían y me hacían mimos, y la sesión de caricias fue larga y agradable. Me pusieron un líquido en las orejas que hace cosquillas y me lavaron bien las patitas, y resulta ¡que se han vuelto blancas! ¡Yo que me pensaba que ya eran marrones para siempre! 

Grufa recién bañada ¡está preciosa!
¡Mirad qué patas más blancas!
No paraban de decirme que estaba muy guapa y me portaba muy bien, y eso me hace feliz. De repente me sacaron de la bañera y me taparon con una tela y otra vez me llenaron de caricias. Me sacudí toda el agua de encima y encendieron esa cosa que hace mucho ruido y suelta viento y calor. Hacía unos días que cuando la encendían me decían que me acercara y jugaban conmigo, y como a mí no me da miedo nada... bueno... casi nada, pues me acercaba y lo olfateaba y ayer me echaron aire caliente por todo el cuerpo, y era divertido. Menos en la cara. En la cara no me gusta para nada.

Después se pusieron pesadas con la máquina esa que de vez en cuando dispara una luz, y la miraban y se reían, y jugamos un buen rato con la pelota. ¡Me lo pasé muy bien!

¿¿Qué hay mejor que jugar en el barro el día después de que te bañen?
¿Lo veis? ¡Vuelvo a ser marrón!
Hoy me he vuelto a mojar. Por la mañana hemos salido a pasear, y ¡caía agua del cielo! Me he encontrado con una amiga durante el paseo y hemos jugado y jugado, dando volteretas, corriendo y saltando, rebozándonos en el barro de los campos. No sé porqué, mi humana se ponía las manos en la cabeza, pero yo me lo he pasado genial. Cuando hemos llegado a casa me ha frotado con una tela y ha vuelto a coger la máquina que hace luces. Ah, ¡mis patitas vuelven a ser marrones! Qué curioso...

divendres, 1 de novembre del 2013

Sueño de otoño

Mis humanos discuten. Hablan de mí. Lo sé porque dicen muchas veces esos sonidos que utilizan para llamarme, pero cuando los miro no me miran: se miran entre ellos y suben la voz.

Parecen enfadados. Oigo a los humanos pequeños llorando y voy hacia ellos, les lamo la cara y me abrazan tan fuerte que me hacen daño. Mis humanos gritan y lloran, y yo ya he aprendido que en esas situaciones es mejor esconderse y no llamar demasiado la atención, no sea que levanten un brazo, y entonces... dolor. Y tristeza.

¡Vamos en coche! ¡Qué bien, una excursión! Bajo corriendo del coche, corro, exploro, olfateo... Hay casas grandes, pocos coches, y algunos perros para saludar... Quiero enseñárselos a mis humanos, los busco para que jueguen conmigo, no los encuentro, voy al coche, no está, los busco, los llamo, lloro, los busco... No están. ¿Dónde han ido? Busco el rastro, los busco, corro, olfateo el aire y el suelo buscando su rastro.

Quizá han ido más lejos, seguro que me están buscando; a ver si en la próxima calle, a ver si en la próxima casa...

Tengo hambre. Me pica todo el cuerpo y hay unos bichitos que corren y saltan que son muy molestos. Empieza a hacer frío. Veo humanos pero no son los míos... ¿Por qué no me vienen a buscar?

...

Oigo mi nombre. Aquél no, uno nuevo. Abro los ojos. ¡Ay, sí! ¡Mi nueva humana! Ahora lo recuerdo, ¡estoy en otra casa! Humanos diferentes, comida diferente... Muevo la cola y lamo las manos de mi nueva humana. Me enseña los dientes (¿sabíais que cuando un humano hace eso no es para amenazar, sino para decir que está contento? ¡Son muy curiosos!).

Me levanto y voy a dar los buenos días a mi otra humana. Estoy empezando a acostumbrarme a que cuando levantan un brazo... después no hay dolor.

dimarts, 29 d’octubre del 2013

¡Hola a todos!

Hoy he aprendido mi nombre. Ese conjunto de sonidos extraños que hacen los humanos a veces me desconcierta y he acabado por ignorarlo, pero hace unos días que noto que cuando quieren que los mire, hacen una serie de sonidos en concreto... Y cuando hoy me he girado y he corrido hacia mi humana Mónica cuando ella ha dicho "¡Grufa!", se ha puesto tan contenta y me ha hecho tantos mimos que he decidido que como le emociona tanto que responda a este nombre, a partir de ahora siempre que lo diga me giraré, aunque sólo sea para hacerla feliz.

Y como por fin puedo poner nombre a este diario que estaba montando en mi cabeza perruna desde hacía unos días, ahora ya os lo puedo hacer llegar: ¡Bienvenidos a El blog de la Grufa!