divendres, 1 de novembre del 2013

Sueño de otoño

Mis humanos discuten. Hablan de mí. Lo sé porque dicen muchas veces esos sonidos que utilizan para llamarme, pero cuando los miro no me miran: se miran entre ellos y suben la voz.

Parecen enfadados. Oigo a los humanos pequeños llorando y voy hacia ellos, les lamo la cara y me abrazan tan fuerte que me hacen daño. Mis humanos gritan y lloran, y yo ya he aprendido que en esas situaciones es mejor esconderse y no llamar demasiado la atención, no sea que levanten un brazo, y entonces... dolor. Y tristeza.

¡Vamos en coche! ¡Qué bien, una excursión! Bajo corriendo del coche, corro, exploro, olfateo... Hay casas grandes, pocos coches, y algunos perros para saludar... Quiero enseñárselos a mis humanos, los busco para que jueguen conmigo, no los encuentro, voy al coche, no está, los busco, los llamo, lloro, los busco... No están. ¿Dónde han ido? Busco el rastro, los busco, corro, olfateo el aire y el suelo buscando su rastro.

Quizá han ido más lejos, seguro que me están buscando; a ver si en la próxima calle, a ver si en la próxima casa...

Tengo hambre. Me pica todo el cuerpo y hay unos bichitos que corren y saltan que son muy molestos. Empieza a hacer frío. Veo humanos pero no son los míos... ¿Por qué no me vienen a buscar?

...

Oigo mi nombre. Aquél no, uno nuevo. Abro los ojos. ¡Ay, sí! ¡Mi nueva humana! Ahora lo recuerdo, ¡estoy en otra casa! Humanos diferentes, comida diferente... Muevo la cola y lamo las manos de mi nueva humana. Me enseña los dientes (¿sabíais que cuando un humano hace eso no es para amenazar, sino para decir que está contento? ¡Son muy curiosos!).

Me levanto y voy a dar los buenos días a mi otra humana. Estoy empezando a acostumbrarme a que cuando levantan un brazo... después no hay dolor.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada